Hoy cumplo 29 años. Nací en 1978, en La Serena, un baneario en el norte chico de mi país.
Soy hija de padres separados, y lo anuncio así porque ello ha determinado para bien o para mal la persona que actualmente soy, mucho más de lo que pensé y sentí hasta hace un par de meses. Tengo mil defectos y otras tantas virtudes, como todos nomás (pero nunca menos).
No es gracia compartir onomástico con cierto dictadorzuelo español, y podría decirse que es un orgullo ver la luz el mismo día pero de distinto año que la Bauhaus. Un cuatro de diciembre murió José María Caro, y también falleció Albert Camus. Un cuatro de diciembre unos científicos españoles descubrieron que el hombre y la rata comparten el 99% de su información genética. Otro cuatro de diciembre se cantó por primera vez Otelo, y muchos siglos después fue patentada la cámara fotográfica Kodak. En Georgia eligieron este día para reconocer al Ku Klux Klan, y Fidel volvió a Cuba tras pasar 25 días en Chile en compañía de Salvador Allende.
Mi vida no ha sido rimbombante, sino más bien sencilla. Bueno, ni tanto, pero yo diría que un poco como la de todos. He tenido celebraciones hermosas, como los eventos que mi madre preparaba para mí cuando yo era pequeña, con muchas tortas, varias piñatas y muchos invitados. Imposible olvidar la torta en forma de conejito y la piñata de caracol gigante. He tenido cumpleaños tristes y melancólicos, como el de mis doce años, y el de mis diecinueve. Sobre todo el de mis trece, porque mi bisabuela decidió dejarnos justo ese día, seguramente para dejar una huella imborrable de su existencia en nuestras horas. Hay cumpleaños que no recuerdo, y que es como si nunca hubieran pasado... son más de los que yo quisiera; ha de ser porque mi memoria es frágil y prefiere no recrear ciertas cosas. Recuerdo mucho, en cambio, que el hombre que me quitaba el alma me hizo para un cumpleaños el mapa de un tesoro para llegar a mi regalo; no recuerdo el obsequio, creo que fue un collar (que no me gustó) pero por Dios, qué feliz que fui en esa búsqueda... Todo el despliegue se mantuvo guardado por mucho tiempo como testigo de ese derroche de ingenio y amor. He pasado un par de cumpleaños trabajando, otros muy sola y más de alguna vez con demasiada gente alrededor, varias veces absolutamente ajena a mí, que, de modo muy bien intencionado se esmeraron por atenderme y agasajarme hasta con torta... Pienso en Vinka y su mamá.
Hoy estoy de cumpleaños. Y como casi siempre me sucede, no acierto a decir que estoy feliz o acongojada. Será un poco de las dos cosas; mas feliz, tal vez, porque mi correo y mi teléfono se han mostrado bastante congestionados. Sin embargo, y no entiendo bien el por qué, cada vez me va resultando más vacío cumplir y cumplir años... Será que por cada día pasado se acumula más vida sobre mis hombros. Y tanta existencia a veces pesa. Por eso comento que a mis veintinueve, ya siento que han dejado de ser primaveras y se me han vuelto completamente verano.
Cariños a todos.