Dejé el plato fuerte para el final, y era que no. Es que debe ser uno de los parajes más maravillosos e irreales que me ha tocado pisar. 
El día partió en Calama, claro. El destino era San Pedro de Atacama. A 15 kilómetros del origen, hicimos una parada en el memorial de los detenidos desaparecidos durante la dictadura de Pinochet en esa ciudad; estar en el mismo sitio donde encontraron las osamentas de 13 de los 26 ejecutados por la Caravana de la Muerte, es una experiencia muy intensa. No la viví en el silencio y reflexión que me hubiese encantado, porque andábamos con mi inquieta ahijada… aunque dudo que los difuntos hayan visto con malos ojos a la Toña, que le dio por tocar las piedras y correr por todos lados. El memorial tiene un total de 34 columnas, una por cada desaparecido, cada cual con su identificación y datos. Fue inaugurado el 2004 (niuna autoridad importante fue) y recibe el nombre de “Parque para la Preservación de la Memoria Histórica”. La cruz que se aprecia en la foto, fue un regalo de los trabajadores de Chuquicamata para recordarlos.
Seguimos viaje y comencé a sentirme poco a poco en una película; la carretera, eterna y en línea recta (el vi
aje total es de 105 kilómetros), sumada a la aridez del
paisaje me llevó a recordar los viajes de Mel Gibson en Mad Max; paramos en el paso Barros Arana a sacarnos un par de fotografías, y seguimos camino en medio de este desierto de colores y llanuras… al fondo, la cadena montañosa y volcánica que nos separa de Bolivia.
Cuando ya llevábamos unos 70 kilómetros de recorrido, llegamos a lo que se conoce geológicamente como la Cordillera de la Sal. No es que los montes y las cimas sean realmente salinos (comprobado, no por mí eso sí), sino que tiene mucho sulfato de calcio, lo que hace parecer a las rocas como salpicadas con sal. Hace millones de años fue un lago, pero los temblores (no en vano Chile es
el país más sísmico del planeta) y las inclemencias del clima dieron vida a este fenómeno. El paisaje es lo más impresionante que he visto en mi vida. No es broma cuando comento que en un instante me sentí en Tatooine, y que casi juro que vi a un morador de las arenas otearme tras una duna.
Ah, el Valle de la Luna… estuve ahí. Debe ser lo más bello de las maravillas de la Cordillera de la Sal. Es un sitio muy turístico, incluido en la mayoría de los tours a la zona. Está hecho un Parque, y como la mayoría de las cosas en esta vida, debes pagar para entrar. Queda apenas a 16 kilómetros de San Pedro. Los sectores aledaños tienen nombres increíbles… el Valle de la Muerte, el Valle de Marte, el Llano de la Paciencia, las Tres Marías…

Imaginen lo que es avanzar más de cien kilómetros sin un atisbo de vegetación, y de pronto encontrarse con un manchón verde intenso. Ése es San Pedro de Atacama, el oasis más bello del desierto. Y ahí uno piensa que del paseo por otros planetas, volvió a la tierra pero se equivocó de tiempo y llegó a un pasado muy, muy lejano. Todas las casas son de adobe, ese barro mezclado con paja tan típico de nuestro país. Las calles son de tierra, y parece que este pueblito de apenas cinco mil habitantes se ha mantenido así por los últimos once mil años, desde la primera vez que fue habitado. Claro, nada, salvo el enorme torrente de turistas y todo el comercio
que ello acarrea. Más de 50 mil personas van cada año para deleitarse con sus paisajes y el magnetismo extraño que este pequeño reducto posee. Pedro de Valdivia, el español que se interesó en colonizar nuestro territorio por allá por el siglo XVI, tuvo aquí una casa que aun sigue en pie. Acá está la segunda iglesia más antigua de Chile, pequeña y blanca, cuyo techo es de madera de algarrobo y de pimientos (únicos árboles que crecen con tamaña inclemencia ambiental; el resto de las construcciones se complementa con madera de cactus)
Aquí almorzamos. Y como en el menú vi un plato que desconocía por com
pleto, pues lo pedí. Comí “patasca”: la patasca es un maíz o choclo, solo que con los granos hiperbólicamente más grandes que lo que conocemos generalmente. Con este se prepara comúnmente un cereal conocido acá en Chile como “pululo”, muy popular en la zona norte, especialmente en Antofagasta. Bueno, el plato en sí es el grano cocido en un guiso, con papas, cebolla, algo de albahaca, zapallo e hilos de pollo. Una mezcla extraña, entre charquicán, porotos granados y ají de gallina. Pero agradable, aunque hipercalórico para la temperatura ambiente. Eso sí, con el frío que hace en las noches del desierto, se puede llegar a sentir gran gratitud frente a esta comida.
Ya de vuelta, con el impetuoso volcán Licancabur coronando toda la cadena montañosa que nos separa de Bolivia, el atardecer se nos perdió recorriendo para
jes de este sitio. Caminamos por el cementerio del San Pedro antes de volver… Las nubes se apoderaron de los volcanes, que se veían negros y amenazantes, y comenzó una tormenta eléctrica que vimos a lo lejos, poderosa muestra del llamado “invierno boliviano”. Ahí terminé de sentirme en una película: pude observar a Mordor, terrorífico, en todo su esplendor.
N. de la R.: Me despido temporalmente, pues salgo de vacaciones en busca de más parajes bellos que mostrar. Prometo no defraudar… el próximo miércoles me marcho a Valdivia, Región de los Ríos.

El día partió en Calama, claro. El destino era San Pedro de Atacama. A 15 kilómetros del origen, hicimos una parada en el memorial de los detenidos desaparecidos durante la dictadura de Pinochet en esa ciudad; estar en el mismo sitio donde encontraron las osamentas de 13 de los 26 ejecutados por la Caravana de la Muerte, es una experiencia muy intensa. No la viví en el silencio y reflexión que me hubiese encantado, porque andábamos con mi inquieta ahijada… aunque dudo que los difuntos hayan visto con malos ojos a la Toña, que le dio por tocar las piedras y correr por todos lados. El memorial tiene un total de 34 columnas, una por cada desaparecido, cada cual con su identificación y datos. Fue inaugurado el 2004 (niuna autoridad importante fue) y recibe el nombre de “Parque para la Preservación de la Memoria Histórica”. La cruz que se aprecia en la foto, fue un regalo de los trabajadores de Chuquicamata para recordarlos.
Seguimos viaje y comencé a sentirme poco a poco en una película; la carretera, eterna y en línea recta (el vi


Cuando ya llevábamos unos 70 kilómetros de recorrido, llegamos a lo que se conoce geológicamente como la Cordillera de la Sal. No es que los montes y las cimas sean realmente salinos (comprobado, no por mí eso sí), sino que tiene mucho sulfato de calcio, lo que hace parecer a las rocas como salpicadas con sal. Hace millones de años fue un lago, pero los temblores (no en vano Chile es

Ah, el Valle de la Luna… estuve ahí. Debe ser lo más bello de las maravillas de la Cordillera de la Sal. Es un sitio muy turístico, incluido en la mayoría de los tours a la zona. Está hecho un Parque, y como la mayoría de las cosas en esta vida, debes pagar para entrar. Queda apenas a 16 kilómetros de San Pedro. Los sectores aledaños tienen nombres increíbles… el Valle de la Muerte, el Valle de Marte, el Llano de la Paciencia, las Tres Marías…

Imaginen lo que es avanzar más de cien kilómetros sin un atisbo de vegetación, y de pronto encontrarse con un manchón verde intenso. Ése es San Pedro de Atacama, el oasis más bello del desierto. Y ahí uno piensa que del paseo por otros planetas, volvió a la tierra pero se equivocó de tiempo y llegó a un pasado muy, muy lejano. Todas las casas son de adobe, ese barro mezclado con paja tan típico de nuestro país. Las calles son de tierra, y parece que este pueblito de apenas cinco mil habitantes se ha mantenido así por los últimos once mil años, desde la primera vez que fue habitado. Claro, nada, salvo el enorme torrente de turistas y todo el comercio

Aquí almorzamos. Y como en el menú vi un plato que desconocía por com

Ya de vuelta, con el impetuoso volcán Licancabur coronando toda la cadena montañosa que nos separa de Bolivia, el atardecer se nos perdió recorriendo para

N. de la R.: Me despido temporalmente, pues salgo de vacaciones en busca de más parajes bellos que mostrar. Prometo no defraudar… el próximo miércoles me marcho a Valdivia, Región de los Ríos.