... La que escribe.

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Santiago, Chile
Soy una mujer que también es amiga, hija, nieta, hermana, prima, sobrina y mil cosas más. Disfruto regalando sonrisas en la calle y quiero pensar que el mundo es mejor con ese simple gesto; por eso, me ando buscando. Si usted me ve por ahí, avíseme!

sábado, abril 03, 2010

MEMORIA VIVA

Extraño sentirte piel y sudor;
horas eternas de hambre vital y latidos.
Tus piernas contrayendo las mías en una pugna ansiosa,
retorciendo suspiros ahogados
y gimiéndote el alma en un abrazo.

Asombro. Deleite. Delirio.
Tu lengua y la mía, una sola.
Tu pecho en el mío como agua de mares infinitos.
Apetito insaciable de caricias,
fusión absorta de sentir perfecto.

Reclamo en propiedad todo tu aroma,
dedos de escafandra, y las mareas de tu lengua ansiosa.
Se quiebra mi cintura y se estremece,
y tu espalda exquisita se rinde ante la urgencia de mis manos.

En ti queda mi realidad de continente doblegado:
océanos y playas, mis colinas y llanuras.
Te llevas en un jadeo la última certeza
y un estremecer de lava inunda esta memoria viva.

jueves, abril 01, 2010

DOÑA ANA

Ana ha sido una mujer intensa.

De pasos firmes y ágiles, determinada, pasional, práctica.

Con un amor enorme por la cocina y por las plantas, aunque no tanto por los animales. Mata gatos y enseña a usar la onda para tales efectos.

Ana se fue a vivir sola temprano, a trabajar duro, siendo muy joven y en un tiempo en el que era difícil hacer vida independiente siendo mujer en Chile.

Ana ama el baile, la risa y la armonía. Sobre todo la música española, es una delicia oírla cantar "El beso". Tiene un humor irónico y es sumamente ingeniosa. Posee un dinamismo contagioso, y a veces algo abrumador.

Ana es sumamente ahorrativa, organizada y hacedora. Soluciona con la misma facilidad una rodilla pelada de un niño lloroso como la filtración de algún baño. Inventa cosas, como la rueda de regadío donde los nietos hicieron nata por veranos eternos.

Ana es de voz destemplada y gritona, impaciente y porfiada como pocas. Para quienes quiere, jamás faltarán en su casa ni camas ni un plato de comida. Y ella quiere a mucha gente.

Ana usa un gorrito de lana para cubrir sus pocos pelos, un chaleco marrón y unos aritos de oro en forma de botita. Da la impresión que hubiese nacido así, con gorrito, chaleco y aritos.

Jamás se la ve tranquila y mucho menos quieta; se levanta al alba y se acuesta con las gallinas. Y siempre, siempre que está en el patio, se la ve con el culo al cielo ya sea plantando o desmalezando, arremangados los brazos y con un pañuelo para secar el sudor de la frente que saca cada cierto tiempo.

Hace mermeladas que más parecen ambrosía, zanja aceitunas con la rapidez de un cowboy en un duelo a muerte y tiene los deditos verdes pues todo lo que toca germina.
Es cosa de ver sus violetas de persia.

A doña Ana se la respeta y a veces hasta se la teme. Todo el mundo la conoce, si no por su genio, por su habilidad para los negocios o por lo buena samaritana.

Porque además tiene conciencia social. Mucha. Por eso se casó con un hombre hecho para ella. Y eso, además de causarle felicidad a borbotones, le costó en su momento varios miedos, dolores, impotencias y angustias. Casi le cuesta algunos hijos. Pero no se arrepiente de nada, cómo hacerlo, si ha sido tan feliz. Es la vida, nomás, como ella dice.

Doña Ana es tan porfiada que cuando los médicos le dijeron que quedaría postrada en cama de por vida tras sufrir un atropello, decidió que qué sabían ellos y volvió a caminar de puro tosuda que es. Del mismo modo, cuando le salió un tococo en la teta, como ella le dijo al pasar a sus hijas bien entrados sus 80, decidió que el cáncer de mamas no era una cosa para andarse muriendo así que la operaron y quedó fresca como lechuga de guarda.

Doña Ana tiene cinco hijos y una cantidad de nietos que me da miedo contar. Varios bisnietos ya a estas alturas también. Crió hijos ajenos como propios, cuidó en salud y enfermedad no solo a su marido sino a quien así lo requiriera.

Doña Ana es un poco todos nosotros. Lo digo en serio, porque es mi abuela. Y porque la veo a ella en el humor de mi papá, en la voz de mi tía Anaberta, en lo inquieta de mi tía Nina, en lo porfiada de mi tío Juan, en la sonrisa de mi tía Cecilia (no sigo con los nietos, y menos con los bisnietos; sería de nunca acabar)

... Este es mi modo de compartir con el mundo todo lo que la quiero.

miércoles, marzo 31, 2010

DE LA RABIA Y OTRAS MIERDAS

Me cuesta expresar la ira.

Años atrás se me arrancaba a borbotones, descontrolada como cascada sobre las mejillas, con ese ímpetu de macho cabrío sin posibilidad de dominio.

Me carga expresar la ira.

Hoy la siento de una forma más compleja, con paños fríos, con riendas puestas. Ya no me machaca el pecho ni me acalora: ahora se me enfría el alma y me arremolina la nuca.

Me duele expresar la ira.

Y por eso no lo hago; mi abuelo me enseñó que las palabras son como papel picado... una vez que las lanzas al aire, no hay cómo recogerlas.

Me limita silenciar mi rabia.

Porque la excesiva sensibilidad me coarta, y no termino de entender cómo podrán sobrevivir juntos un ego sobrealimentado, que porfía en ponerse la ropa de una esbelta empatía, y una raquítica autoestima disparando sin miramientos saetas venenosas desde la trinchera de la mordacidad.

viernes, marzo 19, 2010

MUNDO IDEAL

En un mundo ideal no existen las distancias ni la ausencia;
el tiempo se queda en un refrigerador
junto al frappé de unos caipirinhas preparados por tí,
y la nostalgia duerme la siesta bajo un sauce.

En un mundo ideal, un zapallo gigante nos sirve de casa
y tenemos un jardín tan grande como el planeta.

En un mundo ideal,
la quebrá del ají es nuestro patio trasero,
y la tierra regala al día siguiente
lo que plantamos la noche anterior.

En un mundo ideal no hay pasajes, ni despedidas,
ni esperas, ni camas frías.

En un mundo ideal no hay niuna lágrima, sólo la lluvia;
el sol se queda pegado eterno en un atardecer multicolor
y en un medio cielo la luna ilumina todo
inventando senderos de plata.

En un mundo ideal hay vertientes de vino y hamacas de dos plazas;
nunca hace demasiado frío y el calor no sofoca ni separa.

En un mundo ideal siempre hay cigarros y café,
los muros no tienen relojes ni calendarios
sino cuadros vivos y ventanas, tantas ventanas...

En un mundo ideal,
cabemos sólo nosotros y toda la alegría
de sabernos por fin frente a frente.

martes, marzo 16, 2010

FÉMINA NEANDERTHALIS

Contigo me pasa seguido. Me siento una Neanderthal, casi un animalito, una ameba emocional que no sabe cómo moverse. Una niña de cinco años manejando una camioneta, una abuelita tratando de tejer con los guantes de cocina puestos, un enfermo de Parkinson en una cristalería.

Me siento una bruta contumaz. Una mujer metida en criogenia despertando, que aprende recién y a punta de hacer daño sin querer, lo juro, a fijarse realmente en los sentimientos del otro. A mirar de veras. A escuchar en serio.

Por eso intento usar pinzas para tratarte... pero esto de estar recién entendiendo el cómo usarlas, me hace pellizcarte de vez en cuando en el aprendizaje. Cómo lo siento. Cuánto lo siento.

En un arranque de patudez, solo quisiera pedirte algo: créeme cuando te lo digo... no es intencional.