
De vida, de sol, de cielo.
De alma, de esperanza, de lucero.
Te quiero de todos y todas,
porque eres del mundo entero.
No de mí ni de otra: sólo de ti te quiero.
Te quiero feliz, radiante.
Te quiero sonriendo, vivaz, único,
todo tú: pasión arrebolada y sosiego escampado,
todo de ti, por ti y para ti…
¡Tanto de todo, te quiero!
Te quiero sonriendo para adentro
y lanzando carcajadas hacia Dios.
Te quiero pleno de mares, de mareas,
de tempestades y de remansos.
Te quiero con una incondicionalidad
inconfesable, impensable,
casi insentible: inaguantable.
Las posesiones, amor, son barreras
discordantes con este querer de hierro
fraguado a punta de silencios
entre tu alma y la mía…
¿Cómo quererte de otro modo,
sino como yo te quiero?