
Hombre de torso desnudo,
que invade mi memoria con un torso símil.
El mismo que disfruté agónica,
en una visión matinal y húmeda.
Vi mis piernas en esos hombros firmes
encadenadas por dos brazos metálicos,
irguiéndose cual dos columnas Olímpicas.
Disfruté impúdica al viajante penitente y quejumbroso
que murmuraba su arribo cierto
a la cuna originaria del alero de los dioses.
Eros espiaba inquieto y excitado,
mientras Psique sonreía plácida y provocativa
tratando de esquivar las saetas lujuriosas.
"No te me arranques", dijo el dios aprisionando las caderas mortales.
Ella, en un espasmo supremo, sintió su cuerpo liviano,
luminoso y libre.
Démosle la bienvenida a la Voluptuosidad,
hija de Eros y Psique.




