
- ¿Hasta cuándo lloriqueas? ¿No entiendes acaso que ya estás por cumplir 29 años y sigues comportándote como si fueras una niña?
- … Déjame tranquila, por favor… necesito que me cuides, no que me critiques…. Llevo tantos años diciéndotelo…
- ¿No sabes hacer otra cosa? ¿Hasta cuándo sigues con el temita de la autoflagelación? Eso es ser definitivamente masoquista. Eres muy re tonta.
- No soy tonta, solo soy sensible. Y me duele todo, y mucho, por eso lloro.
- ¿Y qué te puede doler hoy? Hay un lindo día, tienes trabajo, una linda familia, amigos, mucha gente que te quiere… ¿Se puede saber qué mierda te duele hoy? A veces pienso que te da por inventarte dolores sólo para llamar la atención.
- No me los invento, me llegan solos. Y es porque me duele mi memoria. Tú no entiendes… no depende de mí dejar de llorar, empiezo y no puedo parar; trato y trato, pero la angustia me supera… ¿Crees acaso que me gusta hacer el ridículo frente a todo el mundo, siendo incapaz de controlarme? No. No es agradable. Es horrible. Y eso me da más pena aun. Porque me siento un estorbo gigante.
- Pero no me dices qué cresta te pasa… eres una pajera. Te gusta darle vueltas a mil asuntos y no concretas ninguno. Ha de ser que en realidad no te pasa nada.
- Pero si te digo que lo que me pasa es que me duele la memoria… ¡¡¡Me duele el recuerdo!!! Y cada cosa me evoca algo antiguo, algo oscuro, algo triste, algo turbio… me persiguen estas pesadillas y estos fantasmas que tú no ves, que tú no sientes, que tú no escuchas… Me tiene frita la memoria…
- La solución es DEMASIADO sencilla… ¡¡¡No te acuerdes, y ya!!!! Bloquéate… ¡¡¡Con determinación, se te arregla todo el problema!!!
- ¿Ves que no me escuchas? NO PUEDO HACERLO. La situación es más fuerte que yo… ¿Tanto te cuesta asumir que soy la más débil, y que necesito que me cuides y me acunes en vez de retarme y criticarme?
- Me agota lidiar contigo. Llevarte a cuestas es un problema, eres un cacho… Sin ti, mi vida sería mucho más tranquila. Y de paso, más feliz.
- Con lo que me dices me acarreas más tristeza… Eres injusta, porque tus felicidades son mías tanto como tuyas… yo me alegro de cada uno de tus logros y me angustio con cada uno de tus fracasos. Además, trato de llorar callada, para que no me escuches. Créeme que no quisiera molestarte. Lloro en la noche fundamentalmente, cuando tú duermes…
- ¿Se puede saber cómo no voy a escucharte, si estás pegada a mí todo el tiempo? De unos meses a la fecha me tienes atorada con un insomnio asqueroso. Y yo debo cumplir con mi trabajo. Me haces ser irresponsable. Y eso me llena de ira en tu contra.
- Si me quisieras un poquito más, si me hicieras más cariño, si me sonrieras más seguido… lo más probable es que me sentiría más segura de mí misma. Pero para eso necesito de tu aprobación y reconocimiento, no tus reproches y desprecio. Lo primero me fortalece, lo segundo me debilita.
- ¿Y qué crees que hago mientras trabajo como idiota todo el día, en algo que no me interesa? Preocuparme de que esto salga adelante, de darte mejores condiciones. Te quiero, eso es más que obvio, de otro modo no estaría aquí conversando contigo. Pero me agota que siempre andes pidiendo atención, no eres lo único importante para mí; debo responder profesionalmente, muchas veces sencillamente no tengo tiempo o estoy muy cansada para oír tus lamentaciones…
- Si yo entiendo, créeme que valoro que hagas tanto por nosotras, sé que estás metida en una oficina que no te llena plenamente pero que nos da de comer y para pagar el arriendo. También se que no debiera sufrir tanto, pero es que no puedo evitarlo… De verdad se me pasa la pena si me sonríes y me abrazas un poquito, dándome algo de toda esa seguridad que proyectas, convenciéndome de que se me va a pasar… Porque sí se pasa, si me cuidas. Te pido que entiendas que somos distintas, y que me cobijes cuando tengo miedo o la melancolía me supera… A cambio, prometo ser tu fan número uno, sonreírte cada vez que hagas algo bien, y ayudarte a cargar con tus problemas con algo más de sigilo y paciencia…
- Yo te cuido. Por algo estoy hablando contigo, ¿no? No me prometas nada… Y mejor duérmete de una vez, que me retaron por llegar tarde al trabajo, para variar por tu culpa. Cuando tenga tiempo, ya retomaremos esta conversación. Porque obviamente para ti no será suficiente consuelo y seguirás con tus angustias… pero no lo hablemos hoy, ¿te parece? Solucionémoslo después.
- Está bien… buenas noches, Eva, que duermas bien.
- Cierra los ojos, Mallén, y duérmete de una buena vez...