que tú serías quien me hiciera sonreír siendo yo anciana,
el destinado a compartir mis últimos atardeceres
con una caminata cancina
por alguna arboleda anaranjada...
Error: pensé con los sentidos.
Y de nada sirve razonar con las entrañas;
para eso está la mente,
la pragmática, la fría, la ecuánime.
Pero si nunca te tuve
y sin embargo fui capaz
de volcarte por completo
en tinta y verso sobre mi alma,
sonrío...
Dios me libre de la fantasía morbosa de poseerte,
porque la infinitud y perfección
no caben en la poluta y decadente realidad
de nuestros limitados cuerpos,
de nuestro miserable tiempo,
de este inefable espacio.





