Nunca quise llegar a esto, pero como ya perdí las esperanzas de recuperar lo que es mío, no tengo otra opción que proteger a quienes conocen al Gato de él mismo.Qué espanto, definitivamente no hay manera más rasca, más asquerosa, más indigna de terminar una relación, cualquiera esta sea, por plata. Pero qué quieren que les diga... ese muchacho que sonríe en la foto me traicionó. Y por Dios que estoy enojada... y decepcionada.
Se llama Eduardo Arias, y es una persona sumamente agradable... Fue mi amigo incondicional desde 1999; solíamos compartir mucho tiempo juntos mientras estudiábamos en la Universidad La República (él, Derecho, yo, Periodismo) Fuimos paño de lágrimas el uno del otro en incontables ocasiones, lo recibí en mi casa como a un hermano. Pasó a ser uno de esos pocos personajes que uno rescata con pinzas a la hora de pasar por un lugar... Fuimos varias veces con Daniel a su casa en la costa, compartimos mesas de domingo con su familia y vimos películas hasta tarde en fines de semana de hastío. De dulce, y de agraz. Me ayudó a cambiarme de casa en más de una ocasión; fue el alma de la fiesta en más de algún cumpleaños y hasta le presenté a mis amigos de la vida.
Siempre se mostró como un hombre de mundo, bastante culto, interesado en temas tan diversos como la teosofía y la política económica. Era de detalles este hombre, súper preocupado como amigo. Hasta lindo, un minino encantador.
Se ganó mi confianza a punta de hechos, de estar ahí, de ser incondicional. Pero parece que en el cambio de año, de 2006 a 2007, algo le pasó.
Me fui de la radio a fines de enero, con una indemnización importante pero con incertidumbre sobre el futuro laboral que se me venía (para nadie es un secreto que los periodistas tenemos pésimas espectativas de trabajo en Chile); el seis de febrero, almorcé con mi amigo, quien me había llamado compungido porque estábamos a principios de mes y ya no le quedaba dinero. Me pidió prestadas 100 lukas... y se las pasé. Dijo que me las devolvería sin falta a fin de mes, lo que obviamente creí. Primer gran error.
Al día siguiente, volvimos a reunirnos, esta vez en el centro de Santiago. Él partiría a La Serena al día siguiente a un Jamboree de los Scouts (porque además el misifús es sano... "una vez scout, siempre scout"), y estaba buscando unas témperas para la guerra de pinturas que habría en el evento. Imagínense eso sí la cantidad de pinturas que se necesitaban... en plata, fueron $265.000. Yo, de acompañante; hasta ahí, nada anormal. El tema es que mi amigo me explica que no anda con el dinero de los Scouts, que se lo pasan en la tarde, pero que necesita asegurar tanta cantidad de témpera para tan noble causa... y ya que estábamos en la librería X, donde se puede pagar con la tarjeta de Almacenes París, me pidió que le cubriera el monto pagándolo con mi tarjeta, y que él me pagaba el monto total al día siguiente, con el mismo cheque que le entregarían. Ahí estuvo el segundo GRAN error: acepté, a regañadientes, pero acepté (Más encima, pagué el almuerzo)
Del dinero de Almacenes París, Eduardo solo pagó $65.000. Y desapareció. Después de llamarlo muchísimas veces, pude recién contactarme con él al intentar teleonearlo a su casa, el 3 de abril. Dijo que me abonaría en París, y además me pasaría el dinero en efectivo que me adeudaba... patrañas (sin alusiones al simpático personaje de una librería del centro, claro está): del Gato, ni sombra. Para ser justos, a mediados de ése mes el Gato se presentó en mi casa con $50 lukas, diciendo que no tenía cara para contestar mis llamadas, ni mis mensajes de texto, ni nada que viniera de mí porque se le caía la cara de vergüenza... y se comprometió a entregarme más dinero el 17 de abril...cosa que evidentemente no ocurrió. Eso sí, a fines de ese mes un compañero de trabajo del Gato me llamó y fue a dejarme un sobre a nombre de Eduardo, con otras $50 lukitas en su interior.
En el intertanto, me llamaron de Almacenes París para informarme que había caído a DICOM por la deuda que aun mantenía por las famosas témperas... así que tuve que hacer uso de las tarjetas varias y sacar avances en efectivo para tapar ese orificio financiero...
El panorama actual es el siguiente: llevo más de un mes llamando al fulano este, que no me contesta el teléfono. Le mandé varios mensajes de texto, y nada.
Lo que me hizo tomar la decisión de escribir este descargo fue lo que sucedió entre ayer y hoy... llamé a su casa y hablé con la mamá; la tía ha sido siempre muy amorosa conmigo, yo le he tenido siempre mucha estima. Pero que defienda lo indefendible, es el colmo... Hasta me culpó a mí por haberle prestado dinero a su hijo... ¿Cómo iba a saber yo que era tan gato de campo para sus cosas?
Claro, no tengo cómo probar la mentada deuda (para los que perdieron la cuenta, quedan 200 lukas sin devolver aun) Confié en el honor de una persona que había dado pruebas concretas de ser mi amigo en las duras y las maduras... Pero me siento estafada, por completo. Porque, conociéndome, si él hubiese tenido la entereza de dar la cara y darme una solución ("Mallén, estoy realmente entre la espada y la pared, te pago en chirlitos de aquí a fin de año... sorry") yo hubiera accedido y hasta la amistad se hubiese mantenido. Pero considerando que quiere irse a estudiar a Europa, me tiene más que ofendida el hecho de que crea que yo soy una mecenas que otorga becas al peor postor. Porque ése sí que es un fresco de raja, con todas sus letritas.
Por último, les pido a quienes lo conocen que alerten al resto... no digo que le hagan la cruz ni nada, pero por lo que más quieran: ¡¡¡NO LE PRESTEN PLATA!!! No es una persona digna de confianza. Sorry, créanme que me duele mucho decirlo, porque era mi amigo. Tal y como le comenté a la Tity en su blog...yo metí las manos al fuego por él, y terminé con quemaduras de tercer grado.
He dicho.




