¿Alguna vez has sentido
que el mundo se detiene
solo por sumirte en el brillo
de un par de ojos claros?
¿Has tenido la suerte de dormir perdida
en el pecho de quien abraza y acaricia tu espalda
con miedo a hacerte daño por el hecho de tocarte?
¿Te has perdido a ti misma en un instante sempiterno,
sintiendo cómo tu cuerpo se hace
un pleno despegar de mariposas
mientras oyes la respiración pausada
de quien duerme exhausto junto a ti?
¿Has temido alguna vez al movimiento o al sonido,
porque sabes que cualquier sutileza
podría abandonarte en el vacío de la realidad sin su aroma?
¿Te has despertado a medianoche
con la certeza de haber vivido un sueño maravilloso,
y al mirar alrededor sonríes nerviosa
porque sigues soñando plenamente despierta?
Dime, alma mía…
¿Pensaste alguna vez
que tus sueños de mujer niña
tendrían el brillo y la intensidad
que de este modo sublime te fueron regalados?
¿Qué sucede una vez que palpamos
esa parte divina que perdimos
al decidir nacer como humanos imperfectos?
¿Cómo haces ahora para volver a soñar,
si estando despierta caminaste descalza por los Campos Elíseos?
¿Qué puede pasar ahora con tu poesía,
viajera incauta,
si encontraste el origen de tus propios sentidos a través de otro?
Aun no existe el animal que pueda dejar sus huellas en el aire... veremos si aquí podemos hacer algo al respecto.
... La que escribe.
- Mallén
- Santiago, Chile
- Soy una mujer que también es amiga, hija, nieta, hermana, prima, sobrina y mil cosas más. Disfruto regalando sonrisas en la calle y quiero pensar que el mundo es mejor con ese simple gesto; por eso, me ando buscando. Si usted me ve por ahí, avíseme!
viernes, diciembre 29, 2006
CUESTIONARIO VITAL
jueves, diciembre 21, 2006
MENSAJE NAVIDEÑO
En una mañana de Septiembre del año 1897, el Redactor Jefe del Periódico Neoyorquino "The Sun" encontró sobre su mesa de trabajo la siguiente carta de una niña de 8 años:“Estimado Señor Redactor:
Tengo ocho años de edad, y algunas de mis amigas siempre me dicen que no existe el Viejito Pascuero. Sin embargo mi padre afirma que si esa existencia "The Sun" la confirma, entonces es que existe el Viejito Pascuero. Por favor dígame la verdad: ¿existe realmente el Viejito Pascuero?
Virginia O'Hanlon"
Francis Church, Redactor de "The Sun" para esa época, tomó para sí la tarea de responder a la carta de Virginia. Y así surgió la siguiente carta:
"Virginia:
Tus amigas no tienen razón. Ellas sufren una enfermedad pésima y que más tarde les traerá muchos dolores. Ten cuidado para que esa enfermedad no te coja. Nosotros los adultos la llamamos incredulidad, espíritu de crítica, falta de inocencia. Tus amigas y otras personas que intentaron convencerte piensan que son sabias y experimentadas, porque sólo admiten como real aquello que pueden ver con los ojos y tocar con las manos. ¡Sin embargo, ellas no saben cuán poco es eso!
Ahora, pequeña Virginia, imagina todo ese inmenso Globo terrestre con sus lagos y montañas, con sus ríos y mares, y flotando sobre nuestras cabezas el cielo infinito con sus miríadas de estrellas. Imagina cuantas especies de seres existen en el mar, en los aires y sobre la tierra. El hombre es apenas uno entre millares de seres y además ¡cuán pequeño! Ante las inmensidades del universo, él es poco más de lo que un abejorro o una hormiga. ¿Cómo entonces puede el hombre ver todo lo que existe y con su pequeño entendimiento querer explicar todas las cosas?
Sí, Virginia, ¡existe el Viejito Pascuero! Con tanta certeza como existen el cariño y la alegría, el amor y la bondad, los cuales sin embargo no podemos ver con los ojos, ni palpar con nuestras manos. Pero todo eso existe. Tú misma ya los experimentaste. ¿Y no traen ellos belleza y alegría en tu vida?
¡Ah, como sería triste el mundo sin el Viejito Pascuero! Tan triste como si no existiesen más los cuentos de hadas, los ángeles, las canciones, las historias infantiles escritas por los poetas. O si, por el contrario, sólo hubiese gente que jamás se encanta con nada, que jamás sonríe. Entonces estaríamos todos perdidos. Y aquella luz eterna que jamás se apaga, con la cual los niños iluminan el mundo y que acompaña a todo niño que nace, esta se apagaría para siempre.
Nadie ve al viejito Pascuero. Eso, sin embargo, no prueba que no exista. Las cosas que en este mundo son verdaderamente reales no las pueden ver ni los niños ni los adultos. ¿Viste alguna vez danzar un hada sobre los prados floridos? El hecho de que no la hayas visto no prueba que el hada no dance en los prados. Nadie puede comprender las maravillas invisibles del universo.
Tú puedes desmontar un cascabel de un niño para ver cómo se produce propiamente el ruido de las piedrecitas que se entrechocan. Sin embargo, sobre el mundo invisible hay un velo extendido, el cual no puede ser rasgado ni aun por el hombre más fuerte de la tierra y ni siquiera por la fuerza conjunta de todos los hombres fuertes de todas las épocas. Solamente la Fe y la Caridad pueden levantar un poquito la punta de este velo y así contemplar la belleza y esplendor sobrenatural que se esconden detrás de él.
¿Será todo eso realidad? ¡Oh, Virginia sobre la tierra nada hay más real ni más verdadero que eso! ¡Gracias a Dios que el Viejito Pascuero vive y vivirá eternamente! En los próximos mil años – ¡Oh, qué digo, pequeña Virginia –, en los próximos diez mil años multiplicados por otros tantos mil años, el Viejito Pascuero continuará haciendo que los corazones puros de los niños se alegren y batan con más fuerza en la bendecida noche de Navidad”.
martes, diciembre 19, 2006
LAS HERMANAS HILANDERAS DEL DESTINO
Volviste a mis sueños como las mareas,
envuelto en un velo bordado por las Moiras.
Te sentaste frente a mí con un silencio fresco,
repleto de diálogos que se apagaron antes de nacer.
Me miraste, y en tus ojos vi los míos.
Otra vez el magnetismo inexplicable,
el incomprensible afiato místico
de salivas, neuronas y caderas.
Por eso tal vez la despreocupada desnudez
de luciérnagas traslúcidas, simples y alegres…
Cloto decidió que así fuera,
Láquesis se esmeró en trenzar
los avatares tuyos y míos del modo preciso,
y la vetusta Átropos usó a su madre, la Noche,
como inmejorable testigo de qué tan irrefutables
pueden llegar a ser sus propios designios.
Por eso se sueña mejor de noche;
por ello el silencio sella la aceptación humilde
de los lazos intrincados,
bordados en nuestras vías por las tres hermanas
a cargo del Destino de los Mortales.
viernes, diciembre 15, 2006
EXORCISMO FALLIDO
Nix decidió acompañarnospara velar con su manto divino
el exorcismo de los súcubos
que se despiertan en tu subconsciente
al leer mis versos en trance,
los mismos que como íncubos
toman bríos en mis sueños.
Tus prodigiosos dedos serpentearon
como plumas afiebradas por mi espalda,
trocando mi respirar en un susurro entrecortado.
Y yo, desapegada de mi cuerpo,
sumisa solo ahora por tu efecto embriagador
escucho tus preguntas silentes y concuerdo…
¿Dónde terminan tus piernas y empiezan las mías?
¿Cómo poder distinguir mi lengua de la tuya?
¿Será posible separar nuestros sudores de algún modo?
Tú, no tú sino el más resuelto de los demonios;
yo, no yo sino una pitonisa más
de los oráculos nocturnos de Morfeo.
Y así comienza la batalla impía,
donde todo se torna borroso
salvo tus dedos ágiles y tu lengua,
carne que decide dibujarme una silueta nueva.
Los genios del deseo sonríen cómplices
sobre los cuerpos agónicos,
vencedores ante el fallido sortilegio.
miércoles, diciembre 13, 2006
EL RETORNO DE LAS MARIPOSAS
Cuando tenía nueve años, me gustaba un compañero de curso.Su nombre era José Francisco; era muy inteligente, tenía un enorme sentido del humor y, lo mejor de todo, yo le gustaba (y mucho).
Éramos además muy buenos amigos; compartíamos los recreos, la colación y solía acompañarme caminando a mi casa… Me acuerdo de su silueta tratando de equilibrar lo más elegantemente posible su bicicleta a un costado, para darme lugar suficiente en la vereda. Lindos tiempos, aquellos...
Un día de primavera, me envalentoné no se de donde y le pregunté sin aspavientos si era cierto que yo le gustaba. El niño mantuvo un silencio nervioso…
Como el mutismo se prolongaba, yo murmuré un “Porque a mí tu me gustas, y mucho”. Me miró, con sus mejillas tan encendidas como sus pequeñas pupilas de ratoncito, y con los labios tiritones susurró con una voz ronca... “Mariposas”.
No bastaron más palabras ese día… Claro que hubo mariposas.
Hace tiempo que no lo recordaba… Los años, las penas, lo cotidiano... Reconozco casi con vergüenza que pasó una década completa sin que yo sintiera tanta maravilla, tanta plenitud, tanta dicha, tanta paz.

