Ayer fui a ver una bruja. O sea, no es una bruja-bruja, sino una psicóloga tarotista y numeróloga que tiene un espacio aquí en la radio.Para quienes me conocen, saben que creo firmemente en las ciencias alternativas, en la parapsicología, el flujo de las energías, el karma, la reencarnación y todo lo esotérico en general, aunque siempre con harta altura de miras.
De hecho, me he acostumbrado a vivir rodeada de fenómenos paranormales de diverso calibre, sin alardear mucho de ello... auras, telekinesis, duendes y "gonomos" como les decía mi hermanita pequeña a esas entidades con las que jugaba cuando era apenas un puntito.
Incluso leo las cartas, y generalmente le apunto a todas mis "visiones".
Pero lo de anoche, me alarmó...
No les voy a contar los detalles que Blanche me comentó sobre mis relaciones afectivas, porque no hay muchas novedades al frente como para rescatar. Mi abuelo tendrá un buen desempeño en su nuevo cargo, y la abuelita de Daniel vivirá hasta los 88 años máximo (lo que es un buen pronóstico, considerando las circunstancias que hemos vivido en los últimos días).
Lo que me preocupó fue lo mal que estoy por culpa del entorno laboral.
Okey, para quienes viven cerca mío no es novedad que llevo un año aguantando al misógino del productor con el que trabajo. Que he aguantado muchísimas vejaciones de distinto calibre, y no solo de su parte. Que mis niveles de tolerancia y mi absoluta incapacidad de mantener ininterrumpidamente dentro mío la sensación de rencor me perjudica en vez de beneficiarme, porque se me olvida con mucha facilidad el daño que pueden a hacerme.
El punto es que como la Blanche más encima es psicóloga, me miró con preocupación y me dijo que yo no estaba estresada, sino que lo que tenía era una depresión galopante. Y fundamentalmente por culpa de mi trabajo.
Y bueno, qué le vamos a hacer... yo me tomo en serio mi pega, demasiado en serio para algunos, pero es que me gusta hacer bien todo aquello en lo que me comprometo. Entonces, me enferma trabajar con personas negativas que gustan de atornillar para atrás y que, más encima, tienen la frescura de desprestigiarme a diestra y siniestra.
Claro que estoy enferma. Soy la Reina, no, la Faraona de las Huevonas, porque no paré a tiempo esta situación que me tiene completamente afectada. Me enferma verla la cara a Fernando, qué le vamos a hacer, yo no soy de las personas que anda contándole a todo el mundo que de cada 100 entrevistados, yo produzco 60 y Fernando a regañadientes las otras 40, considerando que él debiese conseguirlas todas.
Estoy cansada de este personaje odioso, insidioso, venenoso y ponzoñoso, que me da la impresión de que solo supiera hacer daño.
Por suerte, mi futuro no es tan negro como parece... de acuerdo a las cartas, debieran cambiarme de programa pronto, y el nuevo proyecto será todo un éxito.
Porque aunque Rioja me quiere fuera de CRC (y yo con tal de no volver a verle la cara me iría feliz a Katmandú), de acuerdo al oráculo aquí me quedo por un buen rato.
Tan crítica es la situación, que hasta la brujita me hizo un regalo para "descongestionarme"... Llegué a mi casa cargada de velas (18, de tres colores diferentes) y un jabón de descarga... y en 19 días más, tengo cita de nuevo.
Maaaaaaaaaaaaaaaaaal!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!